jueves, 19 de noviembre de 2020

Donde muere la muerte (Francisco Brines)

Donde muere la muerte,
porque en la vida tiene tan sólo su existencia.
En ese punto oscuro de la nada
que nace en el cerebro,
cuando se acaba el aire que acariciaba el labio,
ahora que la ceniza, como un cielo llagado,
penetra en las costillas con silencio y dolor,
y un pañuelo mojado por las lágrimas se agita
hacia lo negro.
Beso tu carne aún tibia.
Fuera del hospital, como si fuera yo, recogido
en tus brazos,
un niño de pañales mira caer la luz,
sonríe, grita, y ya le hechiza el mundo,
que habrá de abandonarle.
Madre, devuélveme mi beso.

(Publicado por primera vez en la revista Cuadernos Aispi, 

publicación semestral de la Associazione Ispanisti Italiani)

jueves, 12 de noviembre de 2020

Astillas (María Gómez Lara)

                                Los verdaderos poemas son incendios.

                                                                 Vicente Huidobro


voy frotando una astilla contra otra
y es inútil

no habrá fuego
en mis restos de madera

pude rescatar del naufragio
un trozo de leña

hueco de tormenta
atravesado por tanta agua salada

lo quebré
para inventar dos trizas que se juntan
dos chispas
que no estaban
el revés de un vacío un agujero

aquí sigo todavía estrellando mis astillas

nada que encender
y te haces humo
nada que apagar
y eres ceniza.


"Contratono" (2015)

jueves, 5 de noviembre de 2020

Tempestad con silencio (Pablo Neruda)

Truena sobre los pinos.
La nube espesa desgranó sus uvas,
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares de lágrimas errantes.

Gota a gota
la lluvia se reúne
otra vez en la tierra.

Un solo trueno vuela
sobre el mar y los pinos,
un movimiento sordo:
un trueno opaco, oscuro,
son los muebles del cielo
que se arrastran.

De nube en nube caen
los pianos de la altura,
los armarios azules,
las sillas y las camas cristalinas.

Todo lo arrastra el viento.

Canta y cuenta la lluvia.

Las letras de agua caen
rompiendo las vocales
contra los techos. Todo
fue crónica perdida,
sonata dispersada gota a gota:
el corazón del agua y su escritura.
Terminó la tormenta.
Pero el silencio es otro.

"Antología general" (2010)

jueves, 29 de octubre de 2020

Terra Lliure/Tierra libre (Marc Granell)

Perquè era verda i encara pot ser verda.
Perquè és la veu dels morts que l'estimaren.
Perquè era una i encara pot ser una.
Perquè és cançó d'un mar sense memòria.
Perquè era clara i neta i no sabia
dir paraules de parla estrangera.
Perquè és batec a les goles incendiades.
Perquè era nostra i encara pot ser nostra.
Perquè és un cor que agonitza entre cadenes.
Perquè era blat i gavina en el matí.
Perquè ens la volen morir com si fos núvol.
Perquè encara naix fills amb l'alegria
de saber-se-la en la pell i la batalla.

Porque era verde y aún puede ser verde.
Porque es la voz de los muertos que la amaron.
Porque era una y aún puede ser una.
Porque es canción de un mar sin memoria.
Porque era clara y limpia y no sabía
decir palabras de habla extranjera.
Porque es latido a las gargantas incendiadas.
Porque era nuestra y aún puede ser nuestra.
Porque es un corazón que agoniza entre cadenas.
Porque era trigo y gaviota en la mañana.
Porque nos la quieren morir como si fuera nube.
Porque todavía nace hijos con la alegría
de sabérsela en la piel y la batalla.

"Poesia reunida" (1976-1999)

jueves, 22 de octubre de 2020

Desalojo de la naturaleza (Juan Arabia)

Bajemos juntos a sentir el desalojo.
Escuchar el viento que se mueve
por encima del trigo:
la aguda guerra de metal.

Un estruendo de plata
corroe lo vivo,
separa a cada una de las cosas
que existen en el mundo.

Caen ahora los primeras gotas.
La fiera tormenta confederada
se afianza para siempre
dentro de los muros de las ciudades.

"Desalojo de la naturaleza" (2018)

jueves, 15 de octubre de 2020

Cómo veo los árboles ahora...(Claudio Rodriguez)

Cómo veo los árboles ahora.
No con hojas caedizas, no con ramas sujetas a la voz del crecimiento.
Y hasta a la brisa que los quema a ráfagas no la siento como algo de la tierra
ni del cielo tampoco, sino falta
de ese dolor de vida con destino.
Y a los campos, al mar, a las montañas, muy por encima de su clara forma
los veo. ¿Qué me han hecho en la mirada? ¿Es que voy a morir? Decidme, ¿cómo veis a los hombres, a sus obras, almas inmortales? Sí, ebrio estoy, sin duda.
La mañana no es tal, es una amplia llanura sin combate, casi eterna,
casi desconocida porque en cada
lugar donde antes era sombra el tiempo, ahora la luz espera ser creada.
No solo el aire deja más su aliento:
no posee ni cántico ni nada;
se lo dan, y él empieza a rodearle
con fugaz esplendor de ritmo de ala
e intenta hacer un hueco suficiente
para no seguir fuera. No, no solo
seguir fuera quizá, sino a distancia.
Pues bien: el aire de hoy tiene su cántico. ¡Si lo oyeseis! Y el sol, el fuego, el agua, cómo dan posesión a estos mis ojos.
¿Es que voy a vivir? ¿Tan pronto acaba
la ebriedad? Ay, y cómo veo ahora
los árboles, qué pocos días faltan...

"Don de la ebriedad". (1953)

jueves, 1 de octubre de 2020

Este vivir huyendo (Basilio Fernández)

No hay tiempo que perder. La vida pasa.
No nos distraigamos
acariciando vieja arcilla.
Esta tierra que fertilizan nuestros huesos
nos da a cambio un prado, una nube sobre una colina,
la cinta azul de un río para encelar los ojos.
Apresuraos, a caballo, a escape,
flechas de las llanuras lisas.
Primavera, verano, otoño, nieve,
tobogán donde las ilusiones se desploman,
perfiles que tanto acaricié en silencio,
prismas purísimos de la noche.

Quién me dijera,
ya carbón humeante,
vana escoria arrojada, despojo del deseo,
que un día volvería a ese mundo olvidado.

Agua estancada ardiendo, primavera,
donde unos labios palpitaban,
cómo sospecharía
que habías de ser oasis de un desierto brumoso.

Sin embargo el retorno
es ya imposible. ¿Adónde voy? ¿Qué busco?
Esta estancia en que vivo
no es la misma de entonces, ni el teléfono
me trae aquella voz,
el mismo eco de ayer, calor de fuego fatuo.

Parece que los robles
me entregan sombra, pero mienten,
como miente la luz, y el aire, el cielo
que trae nuevas estrellas cada noche,
que nuevos ojos miran.

Nuevos ojos, nuevas manos que tocan
otros perfiles. Giran nuevas ruedas.
¿Para qué la memoria?
Ni lo desconocido. Experiencias inútiles
de otros aburrimientos como este mío, tuyo,
de afectos viejos que ya no son. Nostalgia, el veneno que tienta.
Si no hay nieves de antaño por las cimas,
ni aquel amor de ayer se paladea
ni esa palabra fúlgida; un momento de oro
ya cobre claro, oxida
su esmalte a cada hora.

Si todo se disipa, no os detengáis,
no hay metas: «habladle alto al olvido»,
la vida es un boomerang que a Dios regresa.


"Poesía completa" (1927-1987)