Hojas de acanto y rosas,
Una vieja piedra de molino y enramadas,
El suelo tejido de una hiedra fresca.
Dejarse caer cuando la siesta insiste,
cuando la parra protege y la chicharra canta.
Mecerse con la brisa de la tarde,
con la música acorde de las moscas.
Obligarse a vivir con mansedumbre.
Ni dormir ni siquiera estar despierto.
No buscar sino amor.
Aquí, en el huerto sombrío
donde las horas son luz tamizada
y del limón aroma.
Hagamos de este lugar un territorio.
De la Antología la generación de los 80
Blog dedicado a la poesía que desnuda el alma humana fijando la mirada en el mundo. Como Rafael Alberti nos dice: "No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo encerrado. Su canto asciende a más profundo cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres."
jueves, 17 de julio de 2014
jueves, 10 de julio de 2014
Vuelos y alcances (Vicente Gallego)
Vislumbro la absoluta sencillez,
la obediente eficacia
con que todo se ajusta a su tarea
de vuelos y de alcances.
Ni una onda tremola en desacuerdo,
ni un cabello de luz está danzando
sobre este negativo por su cuenta.
No hay nada personal
en estos filamentos que registran
el ciego fogonazo de la vida.
Y así como las olas
van tejiendo su danza porque manda
un viento sobre ellas,
los actos de los cuerpos se repiten
en la celeste rueda de las causas.
Todo está sucediendo
sin que nadie se implique
en este haz de oros y de picas.
Es una operación que se resuelve
por pura prodigiosa
matemática.
Ha vibrado el arcano
sobre el hangar vacío y son su eco
abecedarios,
leyes,
las promesas
de dioses y de hombres,
albadas a la hermosa y luego voces
de muerte con el alba.
Miniado con la sangre de los justos
hay un evangeliario en las partículas
que anuncia su perdón al que mató
y al que fue asesinado, suma y sigue.
¿No veis que no se pierde ni una gota
de este amargo licor, de esta dulzura?
Calla el coro del Uno
y un silencio elocuente es lo que queda.
No se acierta a pensar;
quien abre el corazón y lo hace oídos,
ése puede que oiga.
la obediente eficacia
con que todo se ajusta a su tarea
de vuelos y de alcances.
Ni una onda tremola en desacuerdo,
ni un cabello de luz está danzando
sobre este negativo por su cuenta.
No hay nada personal
en estos filamentos que registran
el ciego fogonazo de la vida.
Y así como las olas
van tejiendo su danza porque manda
un viento sobre ellas,
los actos de los cuerpos se repiten
en la celeste rueda de las causas.
Todo está sucediendo
sin que nadie se implique
en este haz de oros y de picas.
Es una operación que se resuelve
por pura prodigiosa
matemática.
Ha vibrado el arcano
sobre el hangar vacío y son su eco
abecedarios,
leyes,
las promesas
de dioses y de hombres,
albadas a la hermosa y luego voces
de muerte con el alba.
Miniado con la sangre de los justos
hay un evangeliario en las partículas
que anuncia su perdón al que mató
y al que fue asesinado, suma y sigue.
¿No veis que no se pierde ni una gota
de este amargo licor, de esta dulzura?
Calla el coro del Uno
y un silencio elocuente es lo que queda.
No se acierta a pensar;
quien abre el corazón y lo hace oídos,
ése puede que oiga.
Si temierais morir(
2008)
jueves, 3 de julio de 2014
Aunque sea un instante (Jaime Gil de Biedma)
Aunque
sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal de que la vida deponga sus espinas.
Un
instante, tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.
Se
olvida
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.
pronto, se olvida el sudor tantas noches,
la nerviosa ansiedad que amarga el mejor logro
llevándonos a él de antemano rendidos
sin más que ese vacío de llegar,
la indiferencia extraña de lo que ya está hecho.
Así
que a cada vez que este temor,
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
–invocando un pasado que jamás existió–
el eterno temor que tiene nuestro rostro
nos asalta, gritamos invocando el pasado
–invocando un pasado que jamás existió–
para
creer al menos que de verdad vivimos
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.
y que la vida es más que esta pausa inmensa,
vertiginosa,
cuando la propia vocación, aquello
sobre lo cual fundamos un día nuestro ser,
el nombre que le dimos a nuestra dignidad
vemos que no era más
que un desolador deseo de esconderse.
Compañeros de viaje (1965)
jueves, 26 de junio de 2014
Casa en el árbol (Eduardo Garcia)
En la copa de un árbol construiré nuestra casa,
con tablones y clavos e ilusión y un martillo
alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,
cuartos en espiral, secretos pasadizos
donde obra el azar el don de los encuentros
y de pronto amanece si me miras al fondo
por donde el viento corre a refugiarse,
madera en la madera, crujen las estaciones,
pasan a visitarnos los amigos,
huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,
al rumor de las hojas, a la tierra
donde brota su impulso, su sed de los espacios,
se siente allí el verdor de las promesas,
casa y árbol fundidos, una sola criatura,
se es feliz de algún modo impreciso y vital,
con los años al árbol le van creciendo ramas,
gana cuerpo, se inclina hacia las nubes
y de pronto la casa ha ascendido unos metros
y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,
las estrellas fugaces proliferan, ahora
vigila la espesura, hay luz en la ventana,
a cubierto de todo, suspendida,
luz de hogar en la noche, resplandor,
y una escala de cuerda entre las ramas,
si subes por la escala no hay retorno,
en la cima del viento hallarás nuestra casa.
La Vida Nueva (2008)
con tablones y clavos e ilusión y un martillo
alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,
cuartos en espiral, secretos pasadizos
donde obra el azar el don de los encuentros
y de pronto amanece si me miras al fondo
por donde el viento corre a refugiarse,
madera en la madera, crujen las estaciones,
pasan a visitarnos los amigos,
huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,
al rumor de las hojas, a la tierra
donde brota su impulso, su sed de los espacios,
se siente allí el verdor de las promesas,
casa y árbol fundidos, una sola criatura,
se es feliz de algún modo impreciso y vital,
con los años al árbol le van creciendo ramas,
gana cuerpo, se inclina hacia las nubes
y de pronto la casa ha ascendido unos metros
y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,
las estrellas fugaces proliferan, ahora
vigila la espesura, hay luz en la ventana,
a cubierto de todo, suspendida,
luz de hogar en la noche, resplandor,
y una escala de cuerda entre las ramas,
si subes por la escala no hay retorno,
en la cima del viento hallarás nuestra casa.
La Vida Nueva (2008)
jueves, 19 de junio de 2014
Divagación (Joaquín Riñón Rey)
Escribo
estas palabras, y no entiendo
por qué tan sólo soy (yo que no soy)
la confusión de unos sordos sonidos.
FRANCISCO BRINES
Hoy sólo soy la queja de una sombra.
Mi sistema nervioso
no es más que una ficción virtual
suspendida en el humo
en la nada invisible
de la materia.
Pacen las horas
como animales innombrables.
No encajan los sonidos
entre la nervadura de mis letras.
No encuentro el arma
que lapide mis sueños
ni florece mi voz
porque no sé
apilar las palabras en mis labios.
No sé si soy un eco
cinéreo que vuela en escisión
o nube transportada hasta un mundo infinito.
Más bien puede que sea
un trozo de algo
deletreado
que se reclina
ante la dimensión de un punto
mínimamente caligráfico.
Sé
que hay algo que me empuja,
pues me veo hablando con el crepúsculo
en un no signo
de lengua enmudecida
que pronto vira amenazante.
Mas lo que me disuelve no es
la quimera
ni el viento
ni la nada,
sino este mi real lenguaje
que ofende, que mutila, que herrumbra
el paisaje hialino en el que estoy.
Pero no culpo
de su imperturbable aroma esencial
al signo de la rosa,
aunque a veces escueza entre los labios,
sino a las densas horas de la noche
(animales
de espíritu febril,
llenos de losa y bruma
que me impiden pensar).
Mas,
pese a ese empeño del destino
de hacer de mí la nada más espesa,
seguiré con cariño escribiendo mis versos,
aunque sean voz
de agua parda
que resbale entre manos que se cierran,
aunque viva atorado,
ennegrecido, como virtual sombra,
sin saber qué es lo que me empuja
ni por qué sigo haciéndome
todavía
estas mismas preguntas.
por qué tan sólo soy (yo que no soy)
la confusión de unos sordos sonidos.
FRANCISCO BRINES
Hoy sólo soy la queja de una sombra.
Mi sistema nervioso
no es más que una ficción virtual
suspendida en el humo
en la nada invisible
de la materia.
Pacen las horas
como animales innombrables.
No encajan los sonidos
entre la nervadura de mis letras.
No encuentro el arma
que lapide mis sueños
ni florece mi voz
porque no sé
apilar las palabras en mis labios.
No sé si soy un eco
cinéreo que vuela en escisión
o nube transportada hasta un mundo infinito.
Más bien puede que sea
un trozo de algo
deletreado
que se reclina
ante la dimensión de un punto
mínimamente caligráfico.
Sé
que hay algo que me empuja,
pues me veo hablando con el crepúsculo
en un no signo
de lengua enmudecida
que pronto vira amenazante.
Mas lo que me disuelve no es
la quimera
ni el viento
ni la nada,
sino este mi real lenguaje
que ofende, que mutila, que herrumbra
el paisaje hialino en el que estoy.
Pero no culpo
de su imperturbable aroma esencial
al signo de la rosa,
aunque a veces escueza entre los labios,
sino a las densas horas de la noche
(animales
de espíritu febril,
llenos de losa y bruma
que me impiden pensar).
Mas,
pese a ese empeño del destino
de hacer de mí la nada más espesa,
seguiré con cariño escribiendo mis versos,
aunque sean voz
de agua parda
que resbale entre manos que se cierran,
aunque viva atorado,
ennegrecido, como virtual sombra,
sin saber qué es lo que me empuja
ni por qué sigo haciéndome
todavía
estas mismas preguntas.
Ausencias, El Limonero de Homero III (2012)
jueves, 12 de junio de 2014
VII (Miguel de Unamuno)
Cerré el libro que hablaba
de esencias, de existencias, de sustancias,
de accidentes y modos,
de causas y de efectos,
de materia y de forma,
de conceptos e ideas,
de números fenómenos,
cosas en sí y en otras, opiniones,
hipótesis, teorías…
de esencias, de existencias, de sustancias,
de accidentes y modos,
de causas y de efectos,
de materia y de forma,
de conceptos e ideas,
de números fenómenos,
cosas en sí y en otras, opiniones,
hipótesis, teorías…
Cerré el libro y abrióse
a mis ojos el mundo.
Traspuesto había el sol ya la colina;
en el cielo esmaltábanse los álamos
y nacían entre ellos las estrellas;
la luna enjalbegaba el firmamento,
cuyo fulgor difuso
en las aguas del río se bañaba.
Y mirando a la luna, a la colina,
las estrellas, los álamos,
a mis ojos el mundo.
Traspuesto había el sol ya la colina;
en el cielo esmaltábanse los álamos
y nacían entre ellos las estrellas;
la luna enjalbegaba el firmamento,
cuyo fulgor difuso
en las aguas del río se bañaba.
Y mirando a la luna, a la colina,
las estrellas, los álamos,
el río y el fulgor del firmamento
sentí la gran mentira
de esencias, de existencias, de sustancias,
de accidentes y modos,
de causas y de efectos,
de materia y de forma,
de conceptos e ideas,
de números fenómenos,
cosas en sí y en otras, opiniones,
hipótesis, teorías;
esto es: palabras.
sentí la gran mentira
de esencias, de existencias, de sustancias,
de accidentes y modos,
de causas y de efectos,
de materia y de forma,
de conceptos e ideas,
de números fenómenos,
cosas en sí y en otras, opiniones,
hipótesis, teorías;
esto es: palabras.
Sobre el libro cerrado
que yacía en la yerba
por la luna su pasta iluminada,
mas su interior a oscuras,
descansaba una rana
que iba rondando su nocturna ronda.
¡Oh Kant, cuánto te admiro!
que yacía en la yerba
por la luna su pasta iluminada,
mas su interior a oscuras,
descansaba una rana
que iba rondando su nocturna ronda.
¡Oh Kant, cuánto te admiro!
Rimas de dentro, 1923
jueves, 5 de junio de 2014
VII (Angel Campos Pampano)
A veces sólo un gesto es suficiente
para salvar el día.
Y escribir tal vez es ese gesto
que prolonga el latido de los pulsos
hasta la sed secreta de los párpados.
para salvar el día.
Y escribir tal vez es ese gesto
que prolonga el latido de los pulsos
hasta la sed secreta de los párpados.
Escribir tal vez sea extraviarse en el canto
más oscuro, en la memoria extrema
de la noche adentro, donde el hombre
ignora su derrota, las formas del cansancio,
el cuerpo del amor que ya no reconoce.
más oscuro, en la memoria extrema
de la noche adentro, donde el hombre
ignora su derrota, las formas del cansancio,
el cuerpo del amor que ya no reconoce.
Escribir tal vez sea comparecer ante los otros
con los ojos más limpios, indefenso,
y vacías las manos, sin dispersar la voz,
respirar con sosiego bajo el agua.
con los ojos más limpios, indefenso,
y vacías las manos, sin dispersar la voz,
respirar con sosiego bajo el agua.
No hay otro modo de mirar las cosas
sin perderlas del todo.
sin perderlas del todo.
La voz
en espiral (1998)
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